• Héctor Vega Mora

El Viaje de la Consciencia

Actualizado: 13 de feb de 2019


Para mí el cambio personal y el cambio del mundo son dos caras de la misma moneda. Cuando vives en la superficie no estás ni lo suficientemente profundo, ni lo suficientemente externalizado. Experimento que al viajar hacia una consciencia más profunda de mi, comienzo al mismo tiempo un viaje hacia el contacto con los otros. Mi consciencia así ampliada se vuelve poderosa, no sólo en un sentido personal, sino que también en un sentido social y en un sentido moral. Este poder es un poder que surge de la honestidad y del amor por mi mismo y por los demás.

Su dimensión ética se vincula con una moral no dogmática ni doctrinaria, sino que conceptualizada como una dimensión de comprensión del orden cósmico. No obstante, también creo que este ordenamiento se construye en nuestras conversaciones, en las distinciones que cada uno hace en su vinculación con el resto.

El cambio es el estado constante, pero se trata de cambiar hacia donde deseamos hacerlo, transformándonos y transformando con ello el mundo. El Universo es mi verso, pero no es un verso ermitaño, es mi verso que danza junto a muchos otros versos, creando y recreando las realidades que deseamos y también, aquellas que permitimos que ocurran.

Teniendo el qué y el para qué debemos abordar el cómo, que para mí se trata delVIAJE DE LA CONSCIENCIA.


Como su nombre lo indica, se trata del proceso que es posible activar desde la conciencia de Sí Mismo. En un estadio no desarrollado (los giros más pequeños), tanto la conciencia personal como la conciencia del mundo operan a niveles superficiales, haciendo que los límites de la propia existencia sean restringidos. Ambos "giros" están totalmente ligados, tanto se restringen como se potencian al mismo tiempo. En ese sentido, al actuar sobre la ampliación de la consciencia hacia uno mismo, tanto como si lo hace hacia el mundo que lo rodea, los demás, la otra parte del viaje se inicia al mismo tiempo. Entre más entramos en nosotros mismos, más lejos llegamos en el mundo, entre más comprendamos nuestra conexión con el mundo, más conocemos de nosotros mismos.

El Self, entonces, no es una "esfera estática" es dinámica y su movimiento proporciona la energía central que nutre y es nutrida por el proceso de viaje propuesto. Para mí, VIAJAR es moverme, desplazarme a nuevos territorios de mi existencia, es atreverme a transitar por ellos, no sólo a llegar a un destino, sin que también disfrutar de sus caminos. Por otra parte, SOÑAR es la visión de un futuro que es realizable, que se hace presente en un mismo como proyecto de realidad y que satisface a plenitud el íntimo deseo de trascender transformando el mundo; e INSPIRAR es iluminar, es mostrar a otros tu propio sueño, es desear compartir este sueño y que los demás deseen ser partícipes de ello. Se trata de dar un ejemplo de entusiasmo y de optimismo para alcanzar una meta o un estado mejor.

Es posible distinguir al menos tres patrones propios de este viaje:

Luego de un punto de quiebre, sobreviene el despertar de una consciencia liberadora y expansiva, que permite que afloren en mí profundas inquietudes humanas-espirituales. Estas inquietudes son movilizadoras.

Existe un redescubrimiento de mi sensibilidad y de la conexión con la divinidad, que me llama a desplegar luz y amor a mi alrededor.

Descubro renovadas "antenas" internas y externas, que sincronizadas entre sí y alineadas con el Universo, me permiten desplegar innumerable canales de energía.

El Viaje de la Consciencia implica atreverse a recorrer territorios inexplorados, más allá de mi estado de seguridad, más allá de mis miedos y vergüenzas. Es lanzarme al camino y avanzar. Cada vivencia en la ruta es la posibilidad de experienciar algo nuevo, que a la vez me permite ir develando nuevos aspectos de mi propio ser.

Este Viaje comienza con mi propio sueño que me inspira, me moviliza a ser mejor persona, a dar sentido a mi existencia y a contactarme con el mundo, es una visión de lo que deseo se haga realidad. Si bien este sueño es personal, es íntimo y único, también puede inspirar a otros, los puede movilizar a desafiarse a Sí Mismos como me desafía a mi. Un sueño así concebido crea comunidad, crea su identidad y su poder transformador.

El Viaje de la Consciencia es inherentemente ir lejos para encontrarme. No hay viaje posible sin la valentía de avanzar, la osadía de desafiarme y vencer toda barrera autoimpuesta. Cuanto más lejos se esté dispuesto a llegar más amplia y certera será la conciencia de Sí Mismo.

El Viaje de la Consciencia es la consecuencia esencial e inseparable del sueño inspirador, de ahí toma su energía inagotable y poderosa, capaz de llegar tan lejos y tan profundo como se quiera llegar sin desfallecer. Un sueño capaz de hacer un mundo, un sueño que nos lleva a danzar con el Universo, que en el fondo es nuestro Ser revelado, nuestra manera de Estar en este plano de la existencia.

Creo que la confianza también juega un papel importante en este proceso. Si bien la confianza por sí sola no logre todos los cambios que esperamos a nivel personal, claramente es un motor poderoso para iniciar nuestro viaje. La confianza puesta en Sí Mismo es en muchos casos una apuesta, un salto al vacío que a no pocos detiene, pero que es absolutamente necesario hacer, si se quiere avanzar. Este primer "salto de confianza" es la energía que requiere este proceso para iniciarse, para luego volverse autopoyético, creándose y alimentándose a Sí Mismo. Es como lo que descubrieron los teóricos que buscaban el movimiento perpetuo, que siempre es necesario un poco de energía que dé el empujón inicial.

En el terreno de lo humano, siempre estamos necesitando este empujón inicial y buscamos una señal afuera de nosotros mismos, una ayuda de alguien o algo. Sin embargo, toda la fuerza que necesitamos está en nosotros, sólo debemos dejar que emerja para que energice todo el sistema.

El verdadero atrevimiento de este salto de confianza no está en cuán hábiles seamos o cuánto conocimiento tengamos sobre el mundo. La osadía está más bien en ampliar nuestra consciencia, venciendo el temor al fracaso, la vergüenza ante los demás, el temer a lo desconocido, a dejar de ser "lo que somos", a actuar de manera artificial, que quienes nos rodean nos rechacen o se sientan decepcionados de nosotros y una larga lista de etcéteras.

Pero ¿Cómo sobreponerse a todo esto?, a mi modo de ver sólo hay un camino, cerrando los ojos y lanzándose así, sin más, porque no hay otro modo de hacerlo, porque todo lo bueno que sobreviene después ocurrirá si damos ese salto al vacío inicial.

Aun cuando nadie puede tomar nuestro lugar en este salto de confianza, en ocasiones es posible obtener apoyo en otras personas, particularmente de aquellos que pueden facilitarnos emprender la marcha.

Nuestro viaje de la consciencia personal, sin duda, se ve influenciado por la manera que tenemos de estar y ser con otros, sin embargo, el grado en que determinadas personas afectan positivamente nuestras vidas no es azaroso, tiene que ver con dos condiciones:

El conjunto de conductas y actitudes que estas personas tienen con los demás, en términos de escuchar al otro activamente, sentir, buscar el contacto humano profundo, respetar los procesos personales del otro sin apresurarse a juzgarlos, sino interesándose genuinamente por ellos, alegrándose por las transformaciones positivas en el otro, acogiendo amorosamente sus dolores, miedos y vergüenzas. Estas personas sin duda, ponen su brazo firme para asirnos en caso que lo necesitemos.

La apertura personal al otro. Es permitirse mostrarnos vulnerables delante de alguien más, es despojarse, al menos por un rato, de toda defensa, revelar un poco o mucho de nuestra esencia y ver qué ocurre con los demás. Mi experiencia es que terminamos vinculándonos con aquellas personas que en el fondo "vibran" en el mismo nivel energético que uno mismo y que aquellos que no lo hacen, de manera natural se van alejando, dejando sólo los contactos funcionales con relación a algún interés mutuo, sin ahondar en la vida del otro.

Entonces, les animo a iniciar o continuar este viaje maravilloso, el Viaje de la Consciencia.


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