• Héctor Vega Mora

Autoestima y Desempeño Laboral


Muchas personas me preguntan si la autoestima es la consecuencia de nuestros buenos resultados o si nuestros buenos resultados se producen (en parte) por nuestra autoestima. En otras palabras, ¿Qué es primero, quererse a sí mismo para obtener la autoconfianza que nos conduce a buenos resultados, o buscar buenos resultados para mejorar nuestra evaluación que hacemos de nosotros mismos y con ello, querernos más?

Ésta no es una pregunta menor, pues si nos inclinamos a pensar que la autoestima sólo es el resultado de nuestros éxitos, entonces no es algo que sea prioritario atender si lo que deseamos es mejorar el desempeño laboral y más bien nos avocaremos a desarrollar aspectos conductuales, técnicos y relacionales. Por otra parte, si enfatizamos la posición contraria, nos inclinaremos a favorecer la satisfacción personal en el trabajo, esperando que aquello termine produciendo los resultados laborales esperados, y esto no siempre es así.

Desde mi punto de vista, no se trata de enfatizar una u otra postura, tampoco de pensar que la "solución" se encuentra a medio camino entre estos dos polos, sino que debemos intentar capturar la naturaleza compleja y sistémica de este fenómeno. Así, la autoestima es a la vez una causa y un efecto de un desempeño laboral exitoso. Autoestima y desempeño laboral se retroalimentan constantemente, se influyen y ajustan mutuamente.

Sin embargo, creo que existe otra cuestión que a mi juicio es más relevante ¿Autoestima alta o autoestima fuerte? Tendemos a vincular el éxito laboral, y cualquier otro tipo de éxito, con la alta estima que la persona se tiene; estima por su trabajo, por quién es, por lo que hace y ha logrado. No obstante, como sabemos, el mundo del trabajo, está lleno de altibajos, de experiencias buenas y malas, de resultados exitosos y magros, de relaciones nutritivas y tóxicas (y toda la gama de “grises” entre los polos mencionados). …entonces, ¿Qué pasa con nuestra autoestima cuando las cosas no van como queremos, cuando nos frustran los malos resultados, las relaciones tóxicas y las malas experiencias? ¿Cae con ellas nuestra autoestima? ¿Se resiente o decae siguiendo esta “montaña rusa” emocional derivada de lo bien o mal que nos va?

Si nuestra estima se ha construido rápida y exclusivamente desde resultados exitosos, valorados principal o exclusivamente por los otros y se sostiene en la superioridad sobre otros (y sus resultados), probablemente estamos frente a una autoestima alta, llamativa y hasta envidiable …pero frágil, que se fracturará cuando cualquiera de estas condiciones ya no esté, cuando vengan “tiempos de vacas flacas”. Una autoestima fuerte, en cambio, se construye desde adentro hacia afuera, desde la propia consciencia de las fortalezas que se poseen y la confianza en que con trabajo y determinación, se alcanzan las metas que nos fijamos. Una autoestima, así construida, no resulta en superioridad sobre otros, por el contrario, provee la humildad para comprender que el proceso de quererse a sí mismo es un quehacer más bien íntimo, que requiere de tiempo, perseverancia y que sigue un ritmo muy personal. La autoestima entonces, sí es un resultado, pero no meramente de los productos de mi trabajo, sino de este afán de superarme a mí mismo cada día.

La autoestima fuerte, al poseer más independencia del medio externo, es un centro de fortaleza personal y autoconfianza, especialmente frente a las dificultades propias del mundo del trabajo. Su fortaleza te sostiene cuando las cosas no van bien, cuando no alcanzaste las ventas que necesitabas, cuando el proceso se salió de planificación, cuando los proveedores no te respondieron a tiempo, cuando el gerente o el dueño no apreció el enorme esfuerzo que pusiste en el último proyecto o cuando tus colaboradores no se comprometen con las metas acordadas. La autoestima fuerte te sostiene cuando todo lo demás falla, porque si tú no te amas, no confías en ti, ni en tus fortalezas, entonces quién; y claro, la autoestima también se nutre de tus éxitos materiales y relacionales, pero el primer paso siempre está en uno mismo. Así que ya sabes, cuando te pregunten “– ¿Tu autoestima es alta?, responde, “– No, es fuerte”.


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